¿Qué opinan los científicos?

Ante la incertidumbre del origen del coronavirus, los profesionales Lorena López y José Carlos Palomares descartan que el virus haya sido creado.

María del Carmen Flores y María del Carmen Nieto, Sevilla — 4 de junio, 2020

El origen del coronavirus sigue siendo desconocido. A día de hoy, los científicos estudian la secuencia genética del SARS-CoV-2 para conocer la procedencia y crear una vacuna que pueda contrarrestar al nuevo patógeno. Hasta el momento, las investigaciones parten de que este virus tiene un origen natural, transmitido a los humanos a través de animales salvajes.

En este contexto de desconcierto y confusión, los medios se han hecho eco de las teorías conspiratorias que circulan por las redes sociales. El desconocimiento sobre el origen de la Covid-19, está agravando la desconfianza que sienten las personas en su rutina diaria por culpa de. esta pandemia. Un virus que ha parado en seco a la sociedad española que desde que se decretó el estado de alarma, su vida ha dado un giro por completo. 

Pero no solo las personas se han visto afectadas, sino que los científicos han vivido en sus propias carnes cómo un virus del que se sabe muy poco, por no decir prácticamente nada, ha cambiado por completo su forma de trabajar y de investigar en su campo. Hace unos meses, seguramente estarían investigando curas para otras enfermedades, y ahora la mayoría trabajan a contrarreloj para encontrar una solución. 

Esta pandemia ha generado una gran marea de bulos, uno de los más mencionados es que ha sido una creación artificial elaborado en un laboratorio. Algunos científicos con los que se ha contactado  huyen de estas posibles teorías conspiratorias y catastróficas, ya que consideran que detrás de ellas suelen encontrarse intenciones políticas y económicas mientras no se demuestre lo contrario. Y en este caso, parece que demostrar lo contrario va a ser complicado, teniendo en cuenta que hay países que han iniciado una lucha de intercambios de reproches y reclamos, como es el caso de Estados Unidos y China. 

 Imagen de un científico en un laboratorio, sustraída de La Vanguardia.

“De momento no existen pruebas genéticas que contemplen esta posibilidad de crear un virus como la Covid-19”

José Carlos Palomares, profesor jubilado de microbiología en la Universidad de Sevilla

En estos últimos días, Donald Trump ha tratado de culpar a China por el coronavirus, pero en este momento tal afirmación carece de credibilidad. Aunque, desde un primer momento China ha estado en el ojo del huracán por tener un laboratorio, concretamente el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Wuhan (WHCDC), y por ser el primer país que dio a conocer la existencia del virus. A pesar de ello, José Carlos Palomares, profesor jubilado de la Universidad de Sevilla en microbiología, cuyo grupo de investigación era Biotecnología Aplicada al Estudio de Enfermedades Infecciosas, insiste en que de momento “no existen pruebas genéticas que contemplen esta posibilidad de crear un virus como la Covid-19”.

En esta misma línea, se mantiene Lorena López, profesora asociada al Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). “Es fácil crear un rumor utilizando parte de verdad. Por una parte, la existencia de un laboratorio de referencia en la misma zona y la costumbre de ese país de mercadear con animales salvajes que facilita la exposición de un número amplio de personas. Lo más fácil para ocultar los errores que se han producido en el manejo inicial de la diseminación en EEUU es identificar un enemigo común”, sostiene.

Existen dudas sobre la posibilidad de que este virus pueda pertenecer al laboratorio de Wuhan y se haya propagado de forma accidental o de manera intencionada. Pero Lorena López explica que “los virólogos de ese laboratorio, el equipo de la Dra. Shi, han comparado la secuencia del SARS-CoV-2 con las secuencias de los virus que tenían almacenados y, aunque está próxima a la de un coronavirus de murciélagos de China, un 96% no es exactamente igual. Esta comparación también la han hecho pública y se puede revisar por cualquier virólogo con conocimientos en genética molecular. Este virus no estaba previamente en la colección, es un virus nuevo”. 

Sin embargo, la posibilidad de fabricar un virus desde el punto de vista técnico es posible como cuenta la profesora asociada al CSIC “sí que es posible a partir de uno ya existente, pero eso no quiere decir que es lo que ha pasado con el SARS-CoV-2.” Hasta hace poco se ‘fabricaban’ virus atenuados haciéndoles pases en el laboratorio hasta conseguir disminuir la virulencia. De esta manera se han fabricado vacunas frente a varias enfermedades infecciosas como la polio o la viruela. Hoy en día, se utilizan herramientas de genética molecular que dejan un rastro en la secuencia genética. Se puede ver, al leer la secuencia, que se han producido cortes y pegas y las huellas correspondientes de estas acciones. Esto no se ve en las secuencias que han obtenido los laboratorios de Europa, China y EEUU porque no hay ningún rastro de este tipo en ninguna secuencia de SARS-CoV-2.

Como ya ocurrió con la epidemia del zika en España, hay quien piensa que el coronavirus puede tratarse de un arma biológica diseñada para acabar con cierto porcentaje de la población, pero como ya se ha mencionado anteriormente las secuencias de los virus que están disponibles públicamente descartan por completo que este virus sea ‘fabricado’. Lo que sí es cierto es que en la ciudad de Wuhan está un laboratorio de referencia del Sistema de Salud Chino en el que se almacenan y registra una de las mayores colecciones de coronavirus del mundo, porque China es el país con fauna con coronavirus.

“Los datos que se conocen muestran su secuencia genética, y si nos basamos en ella, se descarta por completo que haya sido fabricado”

Lorena López, profesora asociada al Centro de Investigaciones Sociológicas

Hasta este momento, con el virus extendiéndose desde China a los Estados Unidos y por todo el mundo, no hay datos que permitan pensar en una manipulación de laboratorio. López aclara que  “los datos que se conocen muestran su secuencia genética, y si nos basamos en ella, se descarta por completo que haya sido fabricado. Los datos de estas secuencias y las comparaciones que se han hecho son públicas y las puede revisar cualquiera que tenga algún conocimiento en genética molecular”. De este modo, la teoría que coge más fuerza es la que dictamina que tiene un origen natural.

Según Palomares, hasta ahora, todos los coronavirus patógenos han aparecido precisamente en la región de Wuhan, por lo tanto no es nada extraño que este también haya aparecido allí. La excesiva demografía de la región y la presión por utilizar cualquier tipo de planta o animal como alimento favorecen estos saltos de patógenos hacia nuestra especie.

Las enfermedades como el coronavirus son cada vez más frecuente esto se debe al aumento del contacto que existe hoy día con un espectro mayor de especies animales. Todos los animales, incluido el hombre y las especies animales que cría para su alimentación, poseen una flora propia de virus, bacterias y hongos que se han adaptado a lo largo de miles de años a vivir en nosotros y no nos producen ninguna patología. Este tipo de microorganismos pueden saltar de una especie a otra, pero no ocurre fácilmente, para ello es necesario que confluyan una serie de fenómenos, y el más importante es el contacto estrecho entre dos especies. Una vez que se produce ese salto, en la nueva especie a la que colonizan suelen producir patología o enfermedad inicialmente, hasta que se adaptan y disminuyen su virulencia, o  pueden no producirse. En algunas mascotas de pacientes con Covid-19 se ha detectado el virus y nos les ha producido enfermedad. Si se facilita esta convivencia aumenta la probabilidad de que haya más saltos o emergencia de nuevos patógenos, así lo explica López.

Para conocer cómo afectan los coronavirus al ser humano, los científicos distinguen dos tipos según los efectos que estos producen. Por un lado, están los que provocan catarros y llevan miles o millones de años infectando al ser humano, y por otra parte están los otros coronavirus que son virus que circulan en los animales, produciéndoles o no infección, y han sido capaces de infectar al hombre, hasta dónde se sabe, en tres ocasiones: en 2003 el SARS, en 2012 el MERS y ahora en 2019 el SARS-CoV-2. Asimismo, la científica López explica que este tipo de saltos de animales a hombres se conoce como zoonosis. “El SARS-CoV-2 es una zoonosis porque no se parece en nada a los coronavirus humanos, al comparar  todas las secuencias genéticas, y en cambio se parece mucho a un coronavirus que se detectó hace varios años en murciélagos de la China (un 96% de similitud). Dada las características de este tipo de virus, la sospecha es que no ha pasado directamente del murciélago al ser humano, sino que previamente ha tenido que adaptarse a un hospedador intermediario y de ahí pasar al ser humano, aunque todavía no hay pruebas de ese hospedador intermediario”.

Algunos tipos de coronavirus que se han propagado en humanos y que generan diversas infecciones respiratorias (bronquitis, bronquiolitis, neumonía resfriados) son: el Síndrome Respiratorio Agudo Severo SARS-CoV, el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio MERS-CoV, el coronavirus humano 229E, el coronavirus humano OC43, el coronavirus humano NL63 o el coronavirus humano HKU1.

La realidad es que ya han pasado varios meses de la aparición de la Covid-19 y no se conoce su origen exacto. En estos momentos, un equipo científico liderado por la OMS se ha desplazado a China para tomar muestras de diversos animales, incluidos murciélagos y roedores que viven en la misma zona para conocer cuál es el origen y caracterizar mejor si es una nueva familia de coronavirus. 

Averiguar el origen de este virus no será una tarea nada fácil para los científicos. A pesar de que los investigadores logren conocer su procedencia, cabe la posibilidad de que esa información no salga a la luz por los intereses que puedan tener las grandes potencia y las consecuencias que podrían generar.

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