SARS, MERS, COVID-19. La epidemia que se repite y se reinventa

El historial científico de la familia del coronavirus demuestra que su transmisión a los humanos no comenzó en 2019: en este siglo ya hubo dos pandemias más.

Adelaida Barredo y Lucía Llamas, Sevilla – 1 de junio, 2020

Desde hace siglos, los coronavirus han estado presentes en diferentes momentos de nuestra historia. Se desconoce la fecha en la que surgió el primero, aunque sí sabemos en la que se descubrió: 1965. Repasamos los diferentes coronavirus que han aparecido a lo largo del tiempo: ¿Cuáles fueron sus síntomas? ¿De dónde habían salido? ¿A quiénes habían afectado? Con este análisis vemos cómo la COVID-19 es una reproducción similar —pero no igual— a las enfermedades que ya habían aparecido con anterioridad y que comparten la misma base genética.

El primer caso de coronavirus se descubrió en la década de los sesenta del siglo pasado. Hasta que llegó la COVID-19, solo conocíamos 6 tipos de virus. Todos ellos comparten la alta probabilidad de contagio entre humanos tras el contacto o las distancias muy próximas. Es por ello que los hospitales y centros de trabajo suelen ser caldo de cultivo para la enfermedad.

Los primeros 4 virus (HCoV-229E, HCoV-OC43, HCoV-NL63 y HKU1) se engloban bajo los mismos síntomas: infecciones respiratorias leves -que en muy pocos casos llegan a ser graves- en adultos y menores. La ciencia ya los ha catalogado como endémicos y se encuentran repartidos por  todo el mundo. 

Es necesario observar con detenimiento a los dos coronavirus que acontecieron posteriormente, el MERS-Cov y el SARS-Cov. Estos eran los más conocidos hasta ahora, llamados el síndrome respiratorio de Oriente Medio y el síndrome respiratorio agudo y severo, respectivamente.

Infografía comparativa de elaboración propia sobre los coronavirus epidémicos de las dos últimas décadas.
Historia del coronavirus

La familia del coronavirus lleva largo tiempo circulando en el planeta. Lo que quizá desconoce mucha gente es que su estirpe se extiende a momentos tan remotos como el año IX a.C. Ya entre 1890 y 1899, concluyen los investigadores, se produjo el primer coronavirus en humanos, aunque su origen es difuso, mantienen que podría haber provenido de un coronavirus bovino en el siglo XVIII o bien una mutación.

Según la revista Redacción Médica, la primera identificación de un coronavirus se produjo en los años 50, cuando aún no se le relacionaba como potencial transmisor en humanos. Lo nombraron OC43 y guardaba relación con varias especies de murciélagos. 

A partir de los años 60 se descubre el coronavirus. Justamente en el año 1965 una científica, June Almeida descubre que existe un virus que transmite síntomas de resfriado, al que le ponen el nombre de B814. Era un virus parecido a la gripe, pero sin serlo: así descubrieron el primer coronavirus humano, que recibe este nombre porque parece una corona solar. Según los datos de CodeIntef, durante su descubrimiento en estos años no le concedieron mucha importancia, será a partir del 2003, con el síndrome respiratorio agudo severo cuando los coronavirus ganan importancia en la sociedad 

Síndrome respiratorio agudo severo (SARS) de 2003: primer brote epidémico

En paralelo al coronavirus, hay otras enfermedades infecciosas que comenzaron a resurgir al principio del siglo XXI tras una larga inactividad, como es el ejemplo de la malaria, la peste, la tuberculosis, etc. Enfermedades que no habían desaparecido en su totalidad, pero sí habían alcanzado una importante bajada en infecciones. Pero además, surgen otros virus completamente nuevos, como el rotavirus, el ébola y las hepatitis E y C. Y con ello, un coronavirus inédito: el SRAS.

Según J.B. Olivas, el primer germen que ocasionó la enfermedad data del 2 de noviembre de 2002 en Guandong, China. “Parece que se trata de una enfermedad nueva, no descrita, producida por un agente infeccioso no conocido con anterioridad. Una enfermedad infecciosa transmisible emergente, como lo fueran en su día el sida y la nueva variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob”, dice Luis Salleras en su artículo sobre el SARS. Sin embargo, el brote no se comunicó a la OMS hasta el 11 de febrero del año siguiente, cuando ya había 305 contagiados y 5 fallecidos. El 20 de abril de 2003 ya existían 3.547 pacientes censados, por tanto, aunque las fechas de incubación y expansión son muy similares inicialmente, la línea continua de cada enfermedad toma caminos cada vez más diferentes.

“Una enfermedad infecciona transmisible emergente, como lo fueran en su día el sida y la nueva variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob”

J.B. Olivas

Tras una serie de investigaciones, se llegó a la conclusión de que los transmisores eran las civetas, una especie de gato leopardo procedente de Asia.  El 13 de marzo de 2003, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció en un comunicado que el SRAS (“neumonía asiática” (NA), como lo conocimos mediáticamente en España) constituía una epidemia asentada en algunos países del sudeste Asiático. Su transmisión suponía neumonía atípica grave, de evolución rápida y en algunos casos mortal. Por tanto lanzó una alerta mundial.

El 13 de marzo de 2003, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que el SARS constituía una epidemia asentada en algunos países del sudeste asiático.

Mapa conceptual sobre la propagación del SARS en 2002 y 2003. Imagen sustraída de la Organización Mundial de la Salud. 

Si lo comparamos a la COVID-19, podemos ver dos semejanzas. En primer lugar, las fechas en las que la organización califica como “pandemia mundial” tanto a este virus como al SARS coinciden (ambas se declaran pandemia entorno al mes de marzo). Del mismo modo, los profesionales de la medicina en centros de salud fueron uno de los sectores más afectados debido a otra similitud: el contagio directo. Podría relacionarse con el ejemplo actual de España, pues como consecuencia de la pandemia, el país registraba el 6 de mayo de 2020 que el 20% de los contagiados correspondía a los sanitarios, según El Mundo.

Los profesionales de la medicina en los centros de salud fueron uno de los sectores más afectados debido a otra similitud: el contagio directo.

Pocos días después de lanzar la alarma del SARS, se registraban unos 160 casos y los primeros contagios internacionales: Canadá, Alemania y Suiza. A causa de su facilidad de transmisión, la lista engrosó en unas semanas a más de 3.000 casos y alrededor de 144 muertes contabilizadas el 14 de abril de 2003. El virus se había propagado a un total de 23 países, 14 de ellos externos a Asia. 

Según Luis Salleras, la mayoría de los enfermos presentaban leucopenia, es decir, una baja cantidad de leucocitos, los encargados de combatir en el sistema inmune las patologías como los virus. Al no responder a los tratamientos antibióticos, los científicos determinaron que es una nueva rama del coronavirus diferente a las cuatro conocidas por ese momento.

Continuando con las analogías patológicas entre este virus y el actual SARS-CoV-2, se ha comprobado que el período de incubación de ambas enfermedades es parecido (el antecedente a la epidemia de 2020 tarda de 1 a 10 días y, de forma general, de 2 a 5 días). La transmisión se produce a través de secreciones corporales y contacto directo, pero no es uniforme. Es decir, que al igual que el coronavirus actual, hubo gente que era asintomática, no lo padecía o no alcanzaba el nivel de gravedad máximo de la enfermedad.

Para la prevención y control de la enfermedad se recomendaba la detección precoz (mediante test, por ejemplo) y la cuarentena estricta, incluyendo en el período de aislamiento a las personas sospechosas de contagio por contacto directo: 10 días en casa.

El mecanismo de actuación de los países que aún quedaban libres de la infección fue restringir en la medida de lo posible los viajes hacia zonas afectadas y la ejecución de controles en los aeropuertos. La actitud de la OMS parece ser la misma que en un principio con la COVID-19: se mostró reacia a impedir que se efectuaran y durante los primeros días no hubo recomendaciones sobre ello, pero  a medida que evolucionaba la extensión del contagio, a partir del 1 de abril, desaconsejó desplazarse hasta algunas áreas de China.

Crearon dos términos, tal y como recoge Luis Salleras en un artículo de Medicina Clínica: el “caso sospechoso” (fiebre alta, dificultades respiratorias y posibles contactos con personas contagiadas o localizaciones expuestas al virus) y “caso probable” (hallazgos sospechosos en el tórax o signos compatibles con la neumonía asiática).

En total, hubo más de 8.000 contagios, y al menos el 20% de pacientes requirieron ventilación mecánica. Es decir, no llegó, ni por asomo, al número de diagnósticos exponencial del virus que convive con la sociedad en estas fechas; pero se cobró cerca del 10% de las vidas de los infectados (cifra con tendencias superiores en edades avanzadas). Una vez pasó el brote en 2004, no se ha vuelto a observar ningún rastro de esta enfermedad. Por lo que puede concluirse que no es endémico.

Síndrome respiratorio del medio oriente (MERS) de 2012: segundo brote epidémico

Diferente es el caso de este coronavirus, que apareció en septiembre de 2012 en Arabia Saudita y vino para quedarse. Desde el Consejo General de Colegios Farmacéuticos afirman que el síndrome respiratorio del Oriente Medio (MERS) llegó a los humanos a través del contacto directo e indirecto con dromedarios, según la Organización Mundial de la Salud. De nuevo, la catástrofe provocó la emisión de una alerta global por parte de la OMS. 

A diferencia del virus de 2003 y el de 2020, el MERS tiene una menor probabilidad de transmisión entre humanos. Sin embargo, ello no quiere decir que el impacto en la salud, la seguridad pública y la economía de los países afectados no haya sido fatal: en Corea hubo 186 casos que se tradujeron en 38 muertes y una pérdida de 12 mil millones de dólares durante 2015. El brote se generó por un hombre de Oriente Medio había acudido hasta a 4 hospitales diferentes en Corea del Sur para tratar la enfermedad. Además, algunos casos de contagio sí llegaron a producirse en Francia y Túnez.

Las patologías del MERS que se generan son las mismas: neumonía y dificultades respiratorias en la primera semana tras la incubación.

Las patologías que generan son las mismas: neumonía y dificultades respiratorias en la primera semana tras la incubación. En el 40% de los casos debe usarse terapia mecánica de oxígeno, llegando a la intubación en los pacientes más graves entre otras medidas.

Además del distanciamiento social, las medidas de prevención adoptadas trataban de reducir la circulación de camellos, una mejora en la profundidad de  las investigaciones de los casos detectados en el momento en el que se detectase el brote. El aumento de la comunicación a nivel nacional e internacional jugó otro papel muy importante a la hora de prevenir que la transmisión alcanzara otros países. Así, en 2013 se registraron 124 casos con 52 muertes en Arabia Saudí. En 2014 se reportaron otros 2 casos de infección en Estados Unidos por parte de dos sanitarios que habían estado en el país oriundo.

Desde que apareció en 2012 hasta noviembre de 2019, la OMS ha detectado 2494 casos de los que se produjeron 858 muertes. Esto es, el 34.4% de los casos. Podríamos asumir que este virus tiene un grado de fatalidad superior al de 2003 o incluso el actual, pero no sin hacer hincapié en que el MERS tiene su núcleo en países pobres con falta de medios para tratar la enfermedad en las condiciones más óptimas posibles.

Protocolo con mascarillas para acercarse a los camélidos en Arabia Saudí. Foto obtenida en BBC.

En este análisis se ha buscado profundizar tanto en el SARS como en el MERS, ya que son los dos coronavirus cuyos efectos han sido más acentuados y extendidos en una escala mundial. Como último dato, cabe añadir que, tras ambas enfermedades, la investigación dió cabida a numerosos y potenciales fármacos anti-coronavirus que atacaban a las proteasas, polimerasas o proteínas de entrada virales. No obstante, durante sus ensayos clínicos, ninguna “alcanzó su evaluación”, por lo que ninguna de ellas es viable hoy día. Sin embargo, otras terapias que utilizan el plasma y los anticuerpos de los pacientes cuyo diagnóstico superó la enfermedad —como en India, donde El País afirmó hace poco que se comenzó a practicar la transfusión de sangre, aunque finalmente con resultados poco prometedores a la hora de curar al paciente—. Quizá remontándonos en los orígenes de los compañeros de su familia, la sociedad pueda comprender mejor cómo actúa y cómo puede impedir su propagación en un futuro si, tal y como dicen los organismos científicos más importantes, el virus se establece como una endemia. No le demos carpetazo a la experiencia y aprendamos de lo conocido.

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