OPINIÓN. La fe en el empirismo antes que en la demagogia

OPINIÓN

La fe en el empirismo antes que en la demagogia

Adelaida Barredo García, Lucía Llamas Molina, María del Carmen Flores y María del Carmen Nieto, Sevilla — 10 de junio, 2020

Inmersos en una crisis que todavía está por llegar a su punto álgido en numerosos países, pensamos en quién es el culpable de (la pandemia) todo lo que está ocurriendo en el mundo.

Si buscamos en Google el origen del coronavirus, la mayor parte de las respuestas que encontramos se centran en la zoonosis, esto es, la transmisión de enfermedades de animales a humanos. Aunque muchos opten por creer a pie juntillas lo que muchos políticos declaran en público —incluidas las famosas acusaciones de Trump a China y viceversa—, la OMS ya lo ha confirmado y nosotros lo secundamos a raíz de nuestras investigaciones: el origen proviene de la naturaleza. Numerosos estudios afirman que el coronavirus se parece entorno a un 96% al coronavirus de un murciélago.

Descartamos la teoría de que se haya creado en un laboratorio. Por mucho que el influyente Luc Montagnier, descubridor del VIH, defienda que tiene componentes del VIH y que, por tanto, han intervenido las manos de un científico, esta opinión no se sostiene por ningún lado, puesto que no es el primer virus que contiene componentes del SIDA. 

Hay que ser conscientes de que los mamíferos contienen unos 320.000 virus compatibles con el ser humano, lo que podemos suponer que, las probabilidades de que el murciélago sea uno de los principales generadores son bastantes altas. A ello se agrega la apropiación del hábitat natural por parte de los humanos. Unida a las alteraciones posteriores del ecosistema —tala de árboles, contaminación, incendios…—, fuerzan la migración de los animales autóctonos a lugares donde nunca han estado, y su mezcla con nuevas especies.

Hasta el momento, no existen pruebas genéticas que contemplen la posibilidad de crear un virus de este calibre

Dicha intrusión puede verse como una de las principales causas del origen. La aparición del cambio climático y el generar una gran cantidad de residuos en lugares naturales donde conviven numerosas criaturas puede ser un foco altísimo de creación de nuevos virus, y la concentración de animales que nunca se darían en la naturaleza pueden ser también otras de las razones.  

Otro factor que hemos tenido en cuenta para adoptar esta postura, es la secuencia genética de la COVID-19. Hasta el momento, no existen pruebas genéticas que contemplen la posibilidad de crear un virus de este calibre. La comparación de la Dra. Shi sobre la secuencia del SARS-CoV-2 demuestra que la estructura primaria de su ADN es próxima a la de un coronavirus de murciélagos de China pero, como ya hemos mencionado anteriormente, un 96% no es exactamente igual. 

La brecha entre la fecha en la que se entregaron los informes médicos y el momento de actuación de los Estados, supone una incógnita que los hace sospechosos, aprovechándose de la enfermedad

Dadas las características de este tipo de virus, no hay datos que nos permitan pensar en una manipulación de laboratorio y por lo tanto descartamos por completo que haya sido fabricado en Wuhan, porque aunque el primer caso tuvo lugar en dicha región, no nos resulta nada extraño que el coronavirus también haya aparecido allí, donde los saltos de patógenos hacia la especie humana se ven favorecidos por el tipo de planta o animal que consumen. 

Aun así, no existe una sola teoría que apunte a la aparición de este virus en los humanos. Aunque muchos sostienen que la principal teoría tiene como base al murciélago como origen y principal transmisor del coronavirus, no se descarta que su procedencia sea de otro animal.

Ahora bien, el hecho de que sea natural no exime a las naciones de su responsabilidad. Es innegable que la gestión ha sido pésima y más que cuestionable en países como España o Italia. La brecha existente entre la fecha en la que se entregaron los informes médicos y el momento de actuación de los Estados supone una incógnita que todavía no ha quedado clara, pero los hace sospechosos de los posibles intereses que han podido cumplir aprovechándose de una enfermedad emergente e inesperada.

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