Periodismo en tiempos de coronavirus: ¿Sensacionalismo o compromiso verdadero?

La corriente efectista del periodismo en ojos de profesionales en la docencia de la información

El sensacionalismo es una máxima imperante en el periodismo de cada día. Para la doctora en periodismo María Lamuedra, profesora del departamento de Periodismo I en la Universidad de Sevilla, la información tiende a diseminarse en cascada desde el gobierno y otras élites hacia abajo, siguiendo el modelo que describía Robert Entman. Las apelaciones que se hacen a la emocionalidad, el miedo y la indignación son insertadas en los mensajes periodísticos, a menudo de manera encubierta o subliminal, y llaman la atención de la audiencia con una respuesta casi instintiva. Lamuedra, en la situación de la pandemia del coronavirus, ha observado dos marcos sensacionalistas en la prensa diaria. Por una parte, uno de unidad nacional, que procedía del gobierno que promueve el patriotismo y la esperanza. Por otra parte y en una línea paralela, otro marco sensacionalista que culpa a la gestión del gobierno por la incidencia del coronavirus y la crisis que ha desencadenado. Este último promueve la ira y la indignación, y procede del ámbito político del Partido Popular y Vox.

José María Castillo del Rosal, Sara Díaz Ruz y Mª Francisca González Pérez, Sevilla – 07/06/2020

Maria Lamuedra, periodista y profesora universitaria.

 Es evidente que el sensacionalismo atrae de manera prácticamente automática a gran número de lectores. Sin embargo, para María Lamuedra los medios, y por ende el periodismo, no pueden convertirse nunca en un negocio como cualquier otro. Los medios de comunicación, además de tener la lógica función de informar a la sociedad, ostentan el cometido de formar la opinión pública, fundamental para la democracia. El tergiversar la realidad, transformar y potenciar elementos alarmistas y morbosos también es un atentado contra la democracia, y esta es el valor más importante del estado de bienestar en el que vivimos.

Lamuedra asegura tajantemente que, tras un análisis y planteamiento previo en el que ha considerado conversaciones con familiares y amigos en el período del confinamiento, las personas no son conscientes de enfrentarse a noticias sensacionalistas cuando lo hacen prácticamente a diario. Los medios que proporcionan este tipo de información escandalosa forman una conciencia social basada en la ira e indignación, y estas sensaciones impelen al público a seguir consumiendo informaciones que les “den la razón” y reafirmen que el panorama es absolutamente catastrófico.

 Para la periodista y  profesora universitaria, los gobiernos siempre tienen una notable influencia en los contenidos publicados en los medios. La capacidad de acción ilustrada por el dominio del Boletín Oficial del Estado es un punto de partida, al que en ocasiones se le suma las posibilidades de decidir a quién se le concede publicidad institucional. Sin embargo, afirma que los gobiernos no son, ni mucho menos, los únicos que tienen influencia en el periodismo. Como se analiza en El director, de David Jiménez, existen una tremenda variedad de acuerdos por los que las grandes empresas españolas ofrecen financiación a los medios de comunicación  más importantes o alineados con sus intereses —independientemente de su éxito con el público—. Estas financiaciones ascienden o descienden según los medios se comporten en relación a los acuerdos tomados con las grandes sociedades. El autor de este libro, David Jiménez, ocupó la dirección del periódico El Mundo, del que fue despedido en 2016 por negarse a aceptar presiones editoriales que habrían comprometido la independencia del periódico. Jiménez llevó el caso a los juzgados, convirtiéndose en el primer director de un periódico español que se acogía a la cláusula de conciencia recogida en la Constitución y destinada a proteger la libertad de prensa. Es, sin duda, el caso de David Jiménez una excepción ilustrativa del bochornoso proceso que sufren los periodistas para informar de acuerdo a las líneas e intereses que dictan las grandes compañías que financian los medios. Los Informes sobre la Profesión Periodística en España de la FAPE comprueban que más del 80% de los periodistas españoles se sienten presionados en el ejercicio diario de su labor. El sensacionalismo forma parte de esta corriente, dotando al periodismo de grandes disfuncionalidades que desvirtúan su sentido de servicio a la democracia a favor de la prestación meramente empresarial y capital.  Para Lamuedra no existe la censura previa a semejanza de las hostiles restricciones de los regímenes ya pasados, pero sí son evidentes las fuertes presiones para que no se traten ciertos temas. En su opinión, en España el gobierno actual no tiene un gran poder mediático, y este factor está evidenciado por la cobertura mediática que estamos apreciando en estos momentos.

Lamuedra opina que en el tiempo que ahora vivimos y especialmente en la situación de crisis sanitaria actual, los diarios digitales que basan gran parte de su actividad en la suscripción del público son los que destacan, como eldiario.es, El Salto o Infolibre. También afirma haberle sorprendido favorablemente algunos artículos de La Vanguardia. En contrapunto, el medio español que más ha destacado y ha sido acusado por su sensacionalismo ha sido El Mundo, que recibió un alud de críticas cuando publicó una portada en la que aparecía la fotografía de un fallecido por coronavirus; u otra portada en la que retrataba a Isabel Ayuso con semblante melancólico ante la negativa del Gobierno Central a que Madrid avanzase a la primera fase de la desescalada. Asimismo, Noelia Ruiz fue alumna de la Facultad de Comunicación y además trabaja en Europa Press como redactora en la sección de sociedad, considera que en el ámbito académico existen asignaturas  como Teoría de la Comunicación , en las que imparten conocimientos sobre el sensacionalismo y su uso. No obstante, es el profesional de los medios el que tiene el poder de utilizarlo o no, para Noelia el sensacionalismo es algo negativo, aunque hace un matiz entre sensacionalismo y amarillismo. El primero busca captar la atención de los espectadores mediante los grandes titulares o noticias y el segundo desvirtúa la realidad. En cuanto a la Covid-19, defiende que es una situación excepcional que han aprovechado muchos medios, pero que desde antes que apareciera los medios hacían uso de él. Por tanto, la responsabilidad de su uso está en el profesional, aunque ella la evita a toda costa y asegura que no hace uso de él. 

Por tanto, hemos dado constancia de que el sensacionalismo está a la orden del día, en el trabajo que hemos realizado a lo largo de las distintas piezas, analizando tanto los programas informativos de las mañanas, analizando las portadas de los periódicos más populares de España, entrevistando a diferentes profesionales del mundo radiofónico y entrevistando a la audiencia que consume toda la información, a través de un cuestionario. La conclusión es unánime, existe el sensacionalismo en el mundo periodístico y más desde la aparición de la Covid-19. Pero no todos los resultados han sido los mismos, pues tenemos diferentes versiones.

No podríamos establecer una definición concisa sobre lo que es el sensacionalismo y si es bueno o malo, porque encontramos una gran diversidad de matices en cada experto al que hemos recurrido y análisis realizado. Es por ello, que dejamos la ventana abierta a  la interpretación, raciocinio y experiencia de cada persona que nos lea, sobre las dos primas del sensacionalismo que hemos descubierto en nuestro análisis. El primero que posee una connotación negativa y peyorativa que se resume en la siguiente frase extraída de internet  y que concuerda con estos tiempos de Coronavirus que estamos viviendo: El sensacionalismo hace de la muerte un espectáculo, de la mujer un objeto y de la política un circo. Por otro lado, encontramos otras opiniones que aseguran que el sensacionalismo es una herramienta de apoyo para el periodismo, para llamar la atención y que no necesariamente tiene que manipular y tergiversar la información, siempre y cuando se haga un uso coherente de él. 

Sea bueno o malo para distintas personas lo que está claro es que está presente y es la obligación del periodista utilizar una connotación u otra. Por último, y a modo de conclusión queremos despedir nuestra sección de sensacionalismo con esta reflexión abierta, y con la siguiente frase de Thomas Jefferson que resume la importancia de la labor periodística en el mundo, ya sólo está en manos de los profesionales en que no se desvirtúe.

Si tuviera que decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en preferir lo segundo.

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