La desinformación del COVID-19, una historia de doble riesgo

La infodemia supone un riesgo propio que, en tiempos del esta crisis sanitaria, hay que sumarle el peligro para la salud que supone el virus, convirtiéndose literalmente en una cuestión de vida o muerte

El peligro de la desinformación ha llegado en estos últimos meses a un punto en el que entra en juego la percepción que pueden recibir los ciudadanos del riesgo, real o no, de este virus de alto contagio. La propia Organización Mundial de la Salud ha decretado la información recogida del Covid-19 como un entorno de grandes cantidades de datos aportados, declarándolo como una masiva infodemia. Sin embargo, para contrarrestar esta desinformación y los efectos negativos que traen las fake-news, numerosos medios y diferentes plataformas de todo el mundo, como Poynter o Newtral en España, han aumentado exponencialmente su trabajo para verificar todos los contenidos virales que se encuentran en las redes.

Aitana Domínguez, Sevilla – 07/06/2020

La autora estadounidense Nicole M. Krause, de la Universidad de Wisconsin-Madison, recalca en el artículo “Fact-checking as risk communication: the multi-layered risk of misinformation in times of COVID-19”, publicado el 22 de abril de 2020, los riesgos añadidos de la desinformación a lo que se le suma los peligros propios del virus. Es en este caso un peligro añadido pues el propio sujeto de la desinformación (el virus del Covid-19) un riesgo para la salud. Compartir bulos a través de las redes aumenta drásticamente que las personas cometan negligencias a la hora de seguir las medidas recomendadas de distanciamiento, haciendo caso omiso a las recomendaciones de los expertos, promoviendo una rápida propagación del virus. Krause señalaba que en el caso de Estados Unidos, “los expertos están preocupados por la desinformación sobre el COVID-19. Viendo a Fox News como una fuente de riesgo, aunque el 84% de los espectadores de este canal no crean que sea el medio un riesgo de desinformación sobre el COVID-19”.

Pero realmente, ¿qué se conoce como la desinformación del Covid-19? Esta es definida por Nicole M. Krause como “cualquier mensaje que entra en conflicto con la información verídica sobre el COVID-19, y que sería más favorable que no fuera cierta si se pudiera. Esta definición no diferencia entre la información falsa que aporte un comunicador y que crea que sea cierta, con la información falsa que aporta un comunicador y que sabe que no es verdad pero que la comparte como si fuera verdadera”. El País Retina publicaba un artículo en el que definía el concepto de la desinformación, o las noticias falsas (conocido ahora mundialmente con el anglicismo fake news), como la difusión de un contenido falso con la intención de engañar o manipular, contando con herramientas de gran calibre para potenciar la viralización de este contenido como puede ser Facebook, Twitter o Google. Cabe destacar la importancia de no confundirlo con una información errónea, que no se publica con esta intención de confundir a los lectores. “La desinformación puede adoptar muchas formas: noticias de toda la vida, tuits o publicaciones de Facebook e Instagram; anuncios pagados en redes sociales e, incluso, grabaciones tendenciosamente editadas distribuidas en las redes sociales o mediante aplicaciones de mensajería (sobre todo Whatsapp)”.


Twitter es una de las redes sociales con mayor impacto de la desinformación. | Aitana Domínguez

Uno de los puntos más importantes para destacar es el impulso que ha dado la era de Internet a la propagación de este tipo de contenidos, ya que ahora solo se necesita de un teléfono y una conexión a Internet para tener una audiencia potencialmente numerosa a la que hacer llegar estas desinformación. Es por esto que se ha producido un proceso de desintermediación gigante. La plataforma Newtral define a esta desinformación como “información errónea, falsa o manipulada que se difunde generalmente de forma intencionada, pudiendo llegar a millones de personas a través de su viralización en las redes sociales”.

El movimiento fact-checking.

Ante esta nueva situación que nos aporta los contenidos en las redes sociales, ya han sido numerosas plataformas creadas por profesionales de la comunicación, con la misión de verificar y comprobar estos contenidos propagados por las redes sociales. Sobre todo durante la crisis del Covid-19, en la que nos hemos encontrado apartados específicos dentro de las diferentes plataformas de fact-checking dedicados a la desinformación que circula sobre esta pandemia.

Es el caso de la media startup española Newtral, creada en 2018 por la periodsita Ana Pastor, y que cuenta con la participación de periodistas con diferentes formaciones, colaborando con otros miembros de Newtral. En el caso del Covid-19, la plataforma afirma que los criterios a la hora de seleccionar le contenido a verificar se centra en “la posible generación de alarma injustificada o transmisión de información potencialmente dañina para la salud”. Lo pasos que se siguen para realizar una verificación se resumen en la monitorización del contenido, una detección para la posterior selección, que lleva a la investigación y recolección de información. “Lo primero que hacemos es identificar, claramente, el contenido verificable y contrastable con datos del que no lo es. Esto puede parecer muy obvio, pero en muchos casos hay contenidos que mezclan datos correctos con otros falsos, con opiniones o interpretaciones subjetivas, o que se presentan con enfoques manipulados o engañosos”. Posteriormente se procede a la consulta de las fuentes, para terminar con la publicación del contenido.

Otra de las iniciativas que nos encontramos en nuestro país es #SaludsinBulos, creada por la agencia de comunicación COM SALUD en colaboración con la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES) que persigue el objetivo de “combatir bulos de salud en internet y las redes sociales y contribuir a que exista información veraz y fiable en la red”. 

En el aspecto internacional nos encontramos con Poynter, la web de contenido periodístico, y su apartado específico para luchar contra la infodemia creando el apartado The #CoronaVirusFacts Alliance, en el que se unen más de 100 fact-checkers de todo el mundo publicando, compartiendo y traduciendo los datos internacionales del coronavirus. Esta alianza comenzó en enero cuando la expansión del virus se concentraba en China pero que las consecuencias de la desinformación se expandían por el resto del panorama internacional. Este proyecto colaborativo aporta datos como el nivel de información verificada que se produce en cada país, los temas más recurrentes de esta desinformación, o incluso un análisis cronológico de las verificaciones diarias que se han ido realizando a lo largo de estos últimos meses. Entre los colaboradores de esta alianza se encuentran agencias de noticias como la estadunidense AFP, la española Newtral, Politifact, sumados a numerosas organizaciones internacionales.


Captura de la página principal de poynter.org | Aitana Domínguez

El papel del fact-checking se encuentra con el riesgo de la desinformación, sumando la dificultad añadida para verificar esta desinformación ya que “los intentos pueden ser complicados dependiendo de los niveles de confianza en los comunicadores detrás de esos esfuerzos. Estos riesgos son difíciles de definir al depender de diferentes públicos con varias ideologías, trasfondo cultural y sistema de valores, que lo hacen que se definan de formas diferentes. A la hora de encajar esto con la desinformación del COVID-19, esto hace que se perciban diferentes grados de riesgo de esta pandemia lo que dificulta el trabajo de los comunicadores a la hora de tratar los riesgos de la pandemia”, esclarecía Nicole M. Krause. Por eso para superar futuras crisis se necesita profundizar en la importancia de la confianza de los ciudadanos en los medios. Será necesario entender cómo los fact-checkers son percibidos por los diferentes públicos.

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